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EMPATÍA Y ASERTIVIDAD: DOS ACTITUDES QUE NOS AYUDAN A MOSTRAR EL ROSTRO AMOROSO DE DIOS.

Por: M.C. Violeta Gutiérrez-Cruz.


Actualmente: Instituto México de Ciudad Juárez, A.C., Sección Preparatoria. Departamento Psicopedagógico y Vinculación Universitaria


REVISTA VOCES DE PROVINCIA \ Blog I | EN LA VOZ DE

 

Las personas podemos reaccionar de diversas maneras ante las personas, las ideas, los objetos y las diferentes situaciones que vivimos, acorde a lo que nos explica Festinger (1962); a eso lo llamamos actitud, la cual él define como “el resultado de la interacción entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago”.



En las relaciones interpersonales, tanto la empatía como la asertividad son dos actitudes esenciales y que van de la mano, ya que nos permiten adaptarnos a las personas y a las circunstancias: respetando y valorando bidireccionalmente nuestras virtudes y habilidades, así como tolerando y comprendiendo nuestros errores y debilidades; llevándonos a cuidar la manera y el momento para comunicarnos así como el respeto a los derechos de otros y a los míos.


La empatía, una actitud que conlleva un proceso ineludible en la escuela.


Para los que nos dedicamos al ámbito educativo, la empatía se convierte en una actitud imprescindible hacia nuestros estudiantes y hacia el resto de la comunidad educativa, es todo un proceso que requiere:


a) Salir al encuentro de aquellos que tienen alguna barrera de aprendizaje y/o participación, de los que sufren situaciones de violencia, inseguridad o desigualdad, de aquellos que quieren pasar desapercibidos, de los que su desempeño escolar es aceptable; pero no “brillan” por ser de promedios altos ni “llaman nuestra atención” por el rezago escolar o los bajos resultados obtenidos, así como de los que se aíslan por sentirse inseguros o los que aíslan por ser diferentes por su forma de ser o de pensar.


b) Apoyarles desde su condición, en un modelo educativo integral que pone al estudiante al centro y que lo prepara a enfrentar retos sin precedentes: la interdisciplina, la transdisciplina, la globalización, el manejo de grandes volúmenes de información, la inteligencia artificial y a nuevas formas de trabajo sin dejar de lado la sustentabilidad y cuidado del ambiente.


c) Dar seguimiento a las diferentes actividades que se dan dentro del proceso de enseñanza aprendizaje como respuesta a lo anterior, como los ajustes razonables, la diversidad en los modelos de evaluación, las adecuaciones de espacios físicos, así como facilitar su desarrollo integral.


d) Tener presente que somos seres histórico-bio-psico-socio-culturales (Díaz-Guerrero, 1979), que durante y tras la pandemia se han debilitado las habilidades socioemocionales y que estamos enfrentando condiciones de salud mental en adolescentes con diagnósticos de trastornos de ansiedad y trastornos de depresión, los cuales se incrementaron al doble de las registradas antes de la pandemia.¹

¹

Uno de cada cuatro jóvenes en todo el mundo refirió haber experimentado síntomas de depresión clínica, mientras que uno de cada 5 experimentó síntomas de ansiedad clínica, estimaciones que representan el doble de las registradas antes de la pandemia (Proceso, 2021).


La asertividad, otra actitud necesaria.


La asertividad, según Flores (1994) implica expresarse de acuerdo con lo que realmente se cree, se siente y se desea de forma directa y honesta, haciendo valer los propios derechos y respetando los derechos de los demás.


Por lo tanto, ¿Cómo hablar de empatía sin asertividad? Me queda claro que, si me “pongo en los zapatos del otro” e intento caminar desde ahí, entonces podré ver y sentir ese momento desde la experiencia de la subjetividad del otro y es desde ahí donde debo permitirle al otro su libre expresión y hacer valer sus derechos sin olvidar los míos.


Empatía y asertividad en la escuela.


En este mundo cambiante, tanto la empatía como la asertividad deberían ocurrir tanto desde una perspectiva individual como colectiva; para seguir construyendo espacios escolares más justos y equitativos, ya que se necesitan personas con una vocación de servicio a los demás y congruentes en su práctica cotidiana, de un sistema que provea recursos económicos y formativos, de estructuras administrativas que faciliten y enriquezcan estos procesos, así como de la innovación educativa y de la gestión en intervenciones pertinentes, que en un sistema dinámico y complejo se vayan desarrollando estas actitudes en nuestros estudiantes y en nuestros colaboradores por la interacción cotidiana, en una relación bidireccional de procesos personales <-> procesos comunitarios, a través de fomentar una cultura vocacional que permee a todos los integrantes de la CEM, ya que al enseñar y acompañar a otros también nos ayudamos a nosotros mismos, dando un sentido a nuestras vidas, por lo que nos “construimos” mutuamente.


Probablemente, el modelo ecológico de Bronfrenbrenner (citado por Torrico, Santín y Andrés, 2002) nos permita observar, analizar, adaptar y construir los ajustes necesarios para que los procesos de enseñanza aprendizaje, la formación y las relaciones a diferentes niveles y en diferentes sentidos, logren que nuestra obra educativa de respuesta y se adapte a nuevas realidades con el objetivo de continuar formando “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.

Como sabemos, la empatía y la asertividad se relacionan con otras variables tales como el locus de control, la orientación al logro y el autoconcepto, por lo que el fomentar estas actitudes nos llevan a construir “hogares de luz” en los que formamos y preparamos a personas para que se desarrollen individualmente y se preparen para convivir un mundo cambiante y que aún no existe, con algunas directrices y muchas incertidumbres, lo cual nos permite mostrar el rostro amoroso de Dios, quien sale al encuentro del necesitado y que también lucha por su dignidad humana; mediante personas comprometidas en su forma de pensar, de sentir y de actuar en la sociedad.


Referencias.

Díaz-Guerrero, R. (1972). Hacia una teoría histórico-bio-psico-socio-cultural del comportamiento humano. Trillas: México.


Flores-Galaz, M. M. (1994). Asertividad: conceptualización, medición y su relación con otras variables. (Tesis de Doctorado). Universidad Nacional Autónoma de México, México. Recuperado de https://repositorio.unam.mx/contenidos/83076

Festinger, Leon. 1962. A theory of cognitive dissonance. Stanford, CA: Stanford Univ. Press.


Proceso (2021, 10 de agosto). Los síntomas de depresión y ansiedad entre los jóvenes se han duplicado durante la pandemia en todo el mundo. Recuperado de https://www.proceso.com.mx/internacional/2021/8/10/los-sintomas-de-depresion-ansiedad-entre-los-jovenes-se-han-duplicado-durante-la-pandemia-en-todo-el-mundo-269572.html


Torrico Linares, E., Santín Vilariño, C., Andrés Villas, M., Menéndez Álvarez-Dardet, S., & LópezLópez, M. J. (2002). El modelo ecológico de Bronfrenbrenner como marco teórico de la Psicooncología. Anales de Psicología, 18(1), 45-59.




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