El Papa León XIV invita a los educadores a poner lainterioridad, la unidad, el amor y la alegría en el centro
- Maristas México Occidental

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El equipo de Champagnat Global tuvo la oportunidad de asistir a la Audiencia de
Educadores en el marco de la III edición de la Champagnat Global Week. Se celebró
en la Plaza de San Pedro (Roma, Italia) por el Jubileo del Mundo Educativo y reunió a
miles de docentes y representantes de instituciones educativas a lo largo de todo el
mundo.
Durante su discurso, el Papa León XIV expresó su alegría por poder dirigirse a ellos:
“Como sabemos, la Iglesia es Madre y Maestra y ustedes contribuyen a encarnar su
rostro para tantos alumnos y estudiantes a cuya educación se dedican”.
El Pontífice, que recordó sus tiempos como docente en instituciones de la Orden de
San Agustín, estructuró su mensaje en torno a cuatro pilares fundamentales para la
educación cristiana según el Doctor Gratiae: la interioridad, la unidad, el amor y la
alegría.
Sobre la interioridad, León XIV subrayó la importancia de mirar hacia dentro para
encontrar al verdadero Maestro, que “habita en el corazón de cada persona”. Citando
a San Agustín, explicó que “la verdad no circula a través de sonidos, muros o pasillos,
sino en el encuentro profundo entre las personas, sin el cual cualquier propuesta
educativa está destinada al fracaso”. Además, insistió en que en un mundo dominado
por las pantallas tanto alumnos como educadores necesitan redescubrir ese espacio
interior.
Al referirse a la unidad, el Papa retomó su lema episcopal In Illo uno unum —“en Aquel
uno, somos uno”— para recordar que sólo en Cristo se encuentra la verdadera unidad,
“como miembros unidos a la Cabeza y como compañeros de camino en el proceso de
continuo aprendizaje de la vida”. En este contexto, anunció su decisión de retomar y
actualizar el Pacto Educativo Global, una iniciativa impulsada por el Papa Francisco,
con el fin de fortalecer la cooperación en el ámbito educativo.
Sobre el amor, el Papa León XIV afirmó: “Compartir el conocimiento no basta para
enseñar, se necesita amor”. Invitó a los educadores a preguntarse “cuál es su
compromiso para captar las necesidades más urgentes, qué esfuerzo realiza para
construir puentes de diálogo y de paz, incluso dentro de las comunidades docentes;
cuál es su capacidad de superar prejuicios o visiones limitadas; cuál su apertura en los
procesos de co-aprendizaje; y qué empeño pone en responder a las necesidades de
los más frágiles, pobres y excluidos”. Además, recordó que “dañar el papel social y
cultural de los formadores es hipotecar el propio futuro y una crisis en la transmisión
del saber conlleva una crisis de esperanza”.
Finalmente, ha hablado de la alegría como el signo distintivo de los verdaderos
maestros. “Educar con una sonrisa es despertar sonrisas en el alma de los discípulos”,
dijo el Pontífice. Advirtió también sobre los riesgos de una educación cada vez más
determinada por la inteligencia artificial, que según señaló “puede aislar aún más a los
estudiantes”. “El papel de los educadores, en cambio, es un compromiso humano, y la
alegría misma del proceso educativo es plenamente humana, una llama que funde las
almas y de muchas hace una sola”, afirmó.
Al concluir su discurso, León XIV animó a los presentes a hacer de la interioridad, la
unidad, el amor y la alegría los “puntos cardinales” de su misión educativa, y los animó
a recordar las palabras del Evangelio: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con
el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40).










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