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  • Foto del escritorMaristas México Occidental

Encuentro de Coordinadores Locales de Protección Infantil


¿Qué significó para mí el encuentro?

Mi nombre es Daniel Dorantes Arroyo y estoy como Responsable del Centro Marista de Desarrollo (CEMADE). Desde hace varios años participo en los encuentros de Protección Infantil, a continuación, les comparto parte del contexto local en donde se encuentra el CEMADE y el por qué es altamente significativo para nosotros y para todos los niños que asisten al centro, formar “hogares seguros”.


El CEMADE es un centro comunitario, ubicado al sur de la ciudad de Mérida, Yucatán. Fue fundado en 2002, luego del paso del huracán Isidoro, con la intención de ayudar a reconstruir los lazos sociales y tejer relaciones, modelando maneras de ser que contribuyan al desarrollo social y personal.


La violencia, en sus múltiples formas, el pandillerismo, el abandono y las carencias de servicios sociales, hacen que este lugar se gane el mote de “Sur Profundo”. Y que el Centro de Prevención del Delito del Estado de Yucatán, llama el “polígono más peligroso y dañado de la ciudad”.


Particularmente, las colonias con mayores índices de marginación del sur de la ciudad son: Santa Rita Cholul, Emiliano Zapata Sur II, Emiliano Zapata Sur III y Ampliación Plan de Ayala Sur. Su problemática principal se vincula prioritariamente con un alto índice de agresiones, como maltrato y abuso sexual infantil, violencia emocional infantil, violencia familiar y callejera.


Habitado por familias mayormente jóvenes, que van invadiendo terrenos para construir sus casas poco a poco y apropiándose, tanto de la tierra, como de la cultura, muchos de ellos vienen de estados vecinos como Oaxaca, Chiapas, Quintana Roo o de países cercanos como Guatemala. No tienen una identidad común y buscan establecerse, en búsqueda de mejores oportunidades de vida.


Las construcciones van pasando del cartón y la lámina a algunos ladrillos, para conformar un cuarto que sirve de dormitorio, cocina, comedor y espacio íntimo. También van creciendo en número de hijos, pero siguen habitando en el mismo espacio; esto genera un hacinamiento que, entre otras cosas, dificulta el desarrollo de los infantes. Al llegar a la etapa escolar se dificulta el espacio para el estudio, concentración y la realización de tareas.


La mayoría de los adultos varones tienen empleos, que van desde albañilería, choferes de transporte público, vigilantes, camareros, agricultores, ganaderos de pequeñas especies, hasta quienes emprenden un pequeño negocio de cocina económica, en la puerta de su casa, preparando recetas tradicionales los fines de semana o vendiendo ropa de segunda mano, en los parques por las mañanas.


Los niños que nacen y crecen en estas condiciones, suelen ingresar a la escuela pública de las colonias cercanas. Es la oportunidad de estudiar a la que pueden aspirar ellos y sus padres. Algunos de ellos, manifiestan mayor dificultad para adquirir las competencias propias de la educación escolarizada, siendo muchas y variadas las razones de este rezago.

El CEMADE es auspiciado institucionalmente por la congregación religiosa de los Hermanos Maristas, a través de las comunidades educativas maristas de Mérida. Su origen se remonta a una labor socioeducativa amplia, en la que se atiende a niños y a jóvenes a través de programas integrales. Es un proyecto que busca apoyar el desarrollo integral para niños y jóvenes que viven estas realidades.


Atiende a niños y jóvenes, desde 4 hasta 18 años de edad. Entre sus diferentes programas están el catecismo, el fútbol, el comedor comunitario, emprendedores para jóvenes. El programa llamado “Alimentando los sueños de los niños del sur”, (ASUNIS) recibe durante el año escolar, aproximadamente a 200 niños de nivel primaria. El perfil de ingreso, es de niñas y niños que se encuentran en situación de rezago educativo y presentan algún grado de desnutrición. Existen cuatro escuelas primarias públicas vecinas, las cuales envían a sus niños al programa. Los niños que participan, presentan actitudes violentas hacia sus compañeros y maestros, son niños rechazados y marginados por su propia familia y sus compañeros. Estos niños son etiquetados como “niños problema”. Además, están en situación de rezago educativo y desnutrición, por lo que los conflictos y la disfuncionalidad que reportan y expresan en sus conductas, son un problema cotidiano.


En su mayoría los niños están expuestos a vivir algún tipo de violencia en la familia, especialmente violencia emocional. Queriendo dotar de herramientas para la vida a los niños, el programa ASUNIS brinda servicios de asesorías escolares, apoyo para la realización de tareas y clases de nivelación de lunes a viernes en dos horarios: matutino y vespertino. Además de recibir alimentos, talleres de idiomas, actividades deportivas y sesiones de grupo con Terapia Racional Emotiva Conductual para modificar y cambiar creencias que limitan el crecimiento y desarrollo de los niños y niñas.


El proyecto de la congregación marista, plataforma desde donde se ejecuta la operación del CEMADE, tiene sus propias directrices que se alinean a estas consideraciones como parte de la misma causa.


El XXII capítulo general de los hermanos maristas refiere: “no podemos quedarnos mirando cómo los niños son lastimados o violentados emocionalmente, estamos haciendo algo, pero vemos que no es suficiente; buscamos cada oportunidad para trabajar en favor de una vida libre de violencia”.


Nos invita además a “a caminar con los niños y jóvenes marginados de la vida; a abrir los ojos de nuestro corazón y escuchar el llanto de los niños y jóvenes, especialmente de aquellos sin voz y sin hogar; a ser creativos en respuesta decidida a sus necesidades; a huir de acercamientos paternalistas y empoderar a quienes no tienen voz; a incrementar una presencia significativa entre los niños y jóvenes en los márgenes del mundo”.


Desde esta realidad donde “Dios habla hoy”, se da el encuentro de muchos otros, que estamos en clave de cuidar y atender las necesidades de las niñas, niños y adolescentes, que se encuentran viviendo en alguna situación de vulnerabilidad.

En la post pandemia recorremos el camino del reconocimiento, como cita Paul Ricoeur, nuestra alternativa es reconocernos de manera mutua y buscar experiencias que nos permitan encontrarnos y alimentarnos de la existencia con sentido.


Llegamos al encuentro desde diferentes frentes con la idea de abrazarnos y con un mismo objetivo: niños, niñas y adolescentes que el joven Jesús nos ha confiado en la misión como maristas de Champagnat.


Desde mi sentir, el primer día, al igual que los demás. fue muy fuerte, profundo e importante, lleno de sentido. No puedo entender mi misión de vida sino es desde mi propia historia; herida, fracturada, sanada y liberada; todo el tiempo hicimos consciente el amor profundo y misericordioso de una presencia cercana, amorosa y en la cual puedo confiar mi vida.


Mi experiencia me permite sentirme profundamente agradecido.


Desde mi percepción hace algunos años se hablaba del tema con miedo e inseguridades, inclusive hasta podíamos sentirnos culpables por hablar del tema. Mi alegría hoy, es constatar que el tiempo nos ha permitido madurar y expresar, desde lo profundo, nuestros dolores y nuestras esperanzas. Todos los que nos reunimos, coincidimos que nos falta hacer más; la realidad es compleja y nos supera; oramos para que se sumen cada día más “hermanas y hermanos nuestros a esta búsqueda”, que “ningún niño o niña, viva sin sentirse profundamente amado por Dios”; hagamos de nuestro trabajo y servicio como cita la metáfora: “hogares seguros”. Gracia: al equipo, a las personas que laboran en LaValla y sobre todo, a todos los asistentes, que hicimos posible esta experiencia; a sus colegios, pero de manera particular, a sus familias. Dios nos bendice.

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