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Crónica de una despedida especial


Por Provincia Maris... - Publicado el 10 Diciembre 2009

Padre Jorge PatrónFuente: Diario de Yucatán      08/12/2009

Peregrinacón y despedida de la comunidad educativa marista de Mérida al Padre Jorge Patrón. El 15 de diciembre fué nombrado Obispo, el padre es exalumno marista desde la primaria hasta a prepa, es hasta hoy capellan de la Universidad Marista y siempre ha estado muy cerca de la Comunidad Marista.

Fueron unos sesenta segundos que valen oro, que transmitieron el mensaje que reunió el domingo a cientos de maristas yucatecos en el auditorio Marcelino Champagnat del CUM.

Jorge Patrón, el padre Jorge o el nuevo obispo yucateco de Papantla recibía un prolongado, fraternal aplauso tras recibir tres sencillos regalos y una réplica: tres ramilletes de flores por ser un auténtico marista —“Eres sencillo, humilde y modesto, como recuerdan las tres violetas de Champagnat”, le dijo el superior local Luis Roberto González González— y una imagen de la Buena Madre.

Ante cientos de alumnos —desde jardín de niños hasta maestría de la Universidad—, profesores y madres y padres de familia, Jorge Patrón tomó esa réplica de la Virgen que dejó San Marcelino y la alzó en brazos.

Los aplausos lo acompañaron en el caminar que llevó a María y al amigo que despedían los cientos de maristas de un extremo al otro del altar-escenario...
 
Seguían las palmas.
 
Ante eso, el “padre Patrón, el padre Jorge” optó por bajar a la Buena Madre, colocarla cerca del pecho, abrazarla delicadamente y quedarse estático en el centro con la cabeza baja.
 
Monseñor Jorge Carlos Patrón Wong con una réplica de la Buena Madre
Así terminaba una cita inédita para los maristas yucatecos con más de cien años de historia en Mérida y el interior del Estado. Y es que de sus salones de clase han surgido decenas de vocaciones sacerdotales, e incluso ya hay un ex alumno obispo marista, pero pocos como Jorge Carlos Patrón Wong, quien convirtió sus raíces de alumno en un árbol que protegió cientos de esfuerzos, alegrías y tristezas en el mundo marista moderno.

Fraternal despedida Por eso, la peregrinación guadalupana de este año se encarnó fácilmente en una fraternal despedida, que en un gesto también de fraternidad supo compartir otro ex alumno y también obispo yucateco: Rafael Palma Capetillo, quien presidió la ceremonia y supo interpretar la evidente empatía de una comunidad con el sacerdote que el próximo martes será investido oficialmente obispo en la explanada del Seminario Menor.

Monseñor Jorge Carlos Patrón Wong
Rodrigo Santos Sánchez, capellán del CUM y ex alumno, disfrutó tanto de la ceremonia-convivencia como los siete hermanos maristas que laboran en Mérida. Cinco de ellos, con su hábito mensajero, completaron la escena desde el altar.
 
Para muchos resultaba impresionante cómo el murmullo de cientos de personas cesaba al sólo escucharse una petición del hermano Luis Roberto, con su hábito negro y su liderazgo de apenas treinta y pico de años.
 
Todo eso formó un momento especial que remarcó el breve mensaje del padre Jorge Patrón.
 
Abrazado por un silencio total y con las miradas fijas en su figura, el nuevo obispo dijo que no olvidará sus raíces maristas y luego le dio las gracias a los hermanos de Champagnat por enseñarle a aprender y a servir. Así de breve, pero así de difícil y comprometedor. Ser para servir… Aprender sirviendo.
 
 
Con una alegría contagiosa fue repasando sus días en el Montejo, cuando día a día les pedían parte de la “gastada” para reunir un fondo para las misiones en África.
 
Luego cuando a los siete u ocho años había que compartir en el Catecismo lo que se recibía en el salón de clases... Y los años como alumno pionero en el nuevo local del CUM en la zona de aquel Cordemex.
 
Luego hizo énfasis de su complicidad en un sueño que hoy es una realidad: la Universidad Marista. Y de pasada remarcó el papel de los laicos en esa tarea de cogobierno que hoy tanto interés despierta en otras comunidades religiosas de México y el mundo.
 
—Esa generosidad, esa apertura visionaria de los hermanos maristas también me marca la vida y me la llevo en el fondo del corazón —dijo antes de pedirle a todos los reunidos nunca vivir en la tristeza.
—Todos tenemos momentos alegres y momentos tristes, algunos muy importantes, pero ninguno debe llevarnos a vivir permanentemente en la tristeza.
—Hay que ser alegres, felices... Siempre maristas en acción —concluyó ya entre aplausos.
 
A las homilías siguieron las ofrendas que pedían sencillez, justicia y libertad. Luego la consagración y los ríos de niños, jóvenes y adultos que comulgaron a todo lo largo y ancho del auditorio Champagnat.
 
 
Antes de la bendición se produjo la despedida, “muy a lo marista” por su sencillez. Pero para los que le han seguido la pista a esta congregación no pasaron inadvertidas las palabras del hermano Luis Roberto, siempre parco a la hora de los elogios. Su calidad de superior local y su experiencia de seis años al frente del Colegio Montejo y ahora su debut en el CUM le acompañaron en su aún joven vida marista a decir el domingo: —Sabemos muy bien todo lo que haces por la obra de Marcelino, por miles de jóvenes yucatecos... Te vamos a extrañar, pero estamos seguros que los lazos maristas seguirán firmes.
 
Tres violetas Luego, con unas cuantas palabras, lanzó algo que sólo se dice en el mundo marista en muy contadas ocasiones: “Tú irradias humildad, sencillez y modestia, las tres violetas maristas, las tres violetas de San Marcelino Champagnat”.
 
 
El auditorio del CUM tardó mucho en volver a la tranquilidad, en buena medida porque más de uno quería seguir soñando cuántas cosas trascendentes pueden y deben hacerse con esa fuerza social que anteayer domingo se hizo presente en un abrazo fraterno que resulta incompleto si no abarca también el terreno de los hechos diarios, la agenda de todos los días.— Jorge Rubén Muñoz Menéndez

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