Espiritualidad Marista

A lo largo de la vida, nuestra realidad espiritual interactúa dinámicamente con las experiencias que vivimos. Por una parte, lo que denominamos nuestra espiritualidad se va moldeando a medida que abrazamos esas experiencias; por otra, esta espiritualidad modela nuestra forma de relacionarnos con las personas, con el mundo y con Dios.
Cuando hablamos de espiritualidad nos referimos a ese fuego inextinguible que arde dentro de nosotros, nos llena de pasión por la construcción del Reino de Dios2 y se convierte en la fuerza impulsora de nuestras vidas, dejando que el Espíritu de Cristo nos guíe. Todo cristiano que viva de esta forma, crece en santidad.3
Nosotros vivimos la espiritualidad cristiana de una manera peculiar: mariana y apostólica. 4 Es una espiritualidad encarnada que surgió de Marcelino Champagnat*5 y se desarrolló después entre los primeros hermanos, quienes nos la transmitieron como una herencia preciosa.6
Así como compartimos raíces comunes con los otros estilos de vida marista*, nosotros tenemos también una espiritualidad específica que se renueva constantemente mediante la acción conjunta del Espíritu y de nuestros esfuerzos personales y comunitarios por encarnarla en situaciones cambiantes y en culturas diferentes.7 Esta espiritualidad fortalece nuestra unidad y es un elemento crucial para el dinamismo de nuestra vida y misión.8
(Agua de la Roca, págs. 14 y 15)
Algunos rasgos importantes son:
La espiritualidad marista es la herencia de su fundador San Marcelino Champagnat (1789-1840).
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Es “mariana y apostólica”. El centro es saberse amado por Dios y verlo palpablemente en Jesucristo.
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Tomar a la Santísima Virgen como primera discípula de Cristo que es para nosotros Madre, Modelo y Recurso Ordinario.
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El espíritu apostólico, es el que lleva a trabajar con ahínco en “dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar”.
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Con atención al más necesitado.
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Otros distintivos son: la sencillez en el trato, la cercanía, el servicio, el entusiasmo en el trabajo, la alegría.
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El lema es “Todo a Jesús por María y todo a María para Jesús”.


